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Instituto turísticos de Artes Gráficas de Oaxaca México 

Junio 9, 2017 - Blog
Instituto turísticos de Artes Gráficas de Oaxaca México 

Instituto turísticos de Artes Gráficas de Oaxaca México
Escritores, pintores, cineastas, músicos, estudiantes de de España y cientos de visitantes llegan a la ciudad de Oaxaca cada semana. Muchos regresarán y algunos otros, fascinados, van a hacer de ella su nueva ciudad, por lo menos por un tiempo.
Aparte de las 7 zonas que conforman el estado, hubo quienes me hablaron de otra, la octava zona. Una soñada por seres peregrinos.
En su pieza maestra, Bajo el volcán, para Malcolm Lowry la palabra Oaxaca “era como un corazón roto” allí marchó el cónsul, protagonista de la novela, tras separarse de su mujer. No obstante, para Ítalo Calvino, en su libro inconcluso Bajo el Sol Jaguar, Oaxaca fue el lugar donde la pasión por su mujer volvió a renacer, tras degustar unas gordas en manteca, en algún restaurante de la zona. El propio Nietzsche, si bien nunca la visitó físicamente, declaró que Oaxaca reunía todas las cualidades apropiadas para recobrar su salud y en su cama, doliente, soñó con vivir en ella.
Pero no sólo imaginan Oaxaca sus visitantes, sino también, y más importantemente, sus lugareños. Merced a la labor de sus pintores, de manera especial del maestro Francisco Toledo, esta ciudad es, hoy en día, uno de los centros culturales más señalados del país y del continente. Aparte de su patrimonio prehispánico y colonial, tiene un proyecto, una visión del futuro en la que todos y hablo de todos pueden tener acceso a la cultura propia y a la del resto del planeta.
Iglesia de Beato domingo
En la cotidianidad, al mirar la obra de un pintor se nos puede escapar el hecho de que el arte es un arma muy poderosa para mudar la sociedad. De qué forma vemos las cosas en el mundo de hoy en día se debe, en gran medida, al trabajo de los artistas del siglo veinte, que tomaron el papel de revolucionarios y dejaron de ser simples “decoradores de paredes de las clases altas”. Algunos abandonaron de forma directa la pintura para dedicarse a la labor social, creando una nueva fluidez entre los campos de la literatura, la música, las artes plásticas, el teatro y la vida cotidiana. A lo largo de los últimos años, los pintores de Oaxaca han hecho de su ciudad un soporte para expresar sus ideas sobre el arte, la vida y la sociedad, viejas ideas que charlan de igualdad y libertad.
Toda vez que regreso, la urbe es más preciosa. Esta vez sentí algo diferente, sin saber realmente bien qué era, hasta que me indicaron que habían soterrado todo el cableado eléctrico en el centro. Ahora las edificaciones coloniales no se ven tachonados de líneas negras, ya no hay postes por las calles. Los trabajos de limpieza de la Catedral han acabado y la edificación luce en todo su esplendor. También está muy bello el Convento de Beato Domingo de Guzmán, con su museo regional. A su lado, el Jardín Etnobotánica, donde se puede querer la pluralidad biológica del estado en un entorno cuidadosamente arreglado. Todo este embellecimiento se debe primordialmente a la labor de ciertos de sus habitantes más prominentes y destacados: además de Toledo, están Antonio Morales, Luis Zárate, Sergio Hernández y José Villalobos, entre otros muchos.
Casualmente, todos ellos son artistas. Cierto, Oaxaca es una ciudad que ha sido transformada a la cabeza por sus pintores.
Desde la instauración del Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca IAGO, en 1988, fundado por Francisco Toledo, la infraestructura cultural de la urbe no ha hecho sino crecer y progresar. El Instituto está ubicado frente a la Iglesia de Santurrón Domingo, en una hermosa casa colonial que perteneció a Toledo. Cuenta con una de las mejores compilaciones de libros de arte de todo México y con el fichero de grabados y dibujos más esencial del país. Además, hay secciones de arquitectura, cine, diseño y literatura, y varias salas de exposiciones temporales; todo ello enmarcado en un ambiente cómodo, sigiloso y propicio para el estudio y la ensoñación. Y, además de esto, sin costo.
Asimismo es gratis el cine en el cineclub El Pochote, donde todos los días, menos los lunes, se proyectan películas interesantes, reunidas por norma general en series temáticas. El Pochote está escondido tras los arcos del acueducto construido por los monjes dominicos y, como la biblioteca de artes gráficas, fue –en su momento– domicilio de Francisco Toledo. Cruzando el acueducto aparece un patio presidido, a su izquierda, por un hermoso pochote, emblema del cineclub. En otra esquina, ciertos jóvenes están tejiendo pistolas de estambre para una instalación –supongo que en contra de la guerra– que dará comienzo al día después. Además de las películas, acá se exhiben trabajos audiovisuales de los artistas que lo piden, se realizan instalaciones y performances o, simplemente, se goza de la serenidad de su patio.
Serenidad que contrasta con el bullicio del mercado donde me gusta, siempre que vengo, comprar mole y bolsas de hule del puesto de Almita, con sus ilustraciones graciosas de chiles y semillas, vírgenes de Guadalupe, o bien Adán y Eva recién expulsados del Paraíso. Las calles de Oaxaca, angostas y de poca sombra, no suelen reunir muchedumbres y son fáciles de transitar, con excepción de las que rodean el mercado, el zócalo y la esquina que forman las calles Independencia y Reforma, donde se halla la Distribuidora Escolar. Fundada hace más de cincuenta años por Ventura López Sánchez, un maestro oaxaqueño, esta enorme y poco a poco más triunfante tienda de libros merece una larga visita. Pasando la aglomeración de la planta baja, donde se venden los materiales escolares, subiendo por unas escaleras se encuentran dos pisos de libros organizados en todas las secciones imaginables.
Siendo una pequeña capital de provincia, Oaxaca ha llegado muy lejos. Para muchos extranjeros es una suerte de “ciudad de culto”, todavía no tan visitada como Venecia, afirmemos, pero del mismo modo soñada y rememorada. La gran cantidad de hoteles, restoranes, galerías y tiendas da crédito del número de gente que la visita. Todos venimos a descubrir cuál es exactamente el hechizo de Oaxaca. ¿El cielo espectacular, la cantería verde de sus edificios, el mezcal, la gastronomía, la Proveedora Escolar?

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